Las guarniciones del Norte de África, con las banderas de la Legión y los tabores de Regulares, eran fieles seguidores de los generales Franco y Mola, sus antiguos jefes, que delegaron la jefatura de la conspiración en un hombre de su total confianza: el teniente coronel Yagüe. El Gobierno de la República, receloso de este Ejército, dudó antes de autorizar las maniobras, que se tenían que realizar el 12 de julio en Llano Amarillo (Marruecos), pero dio su visto bueno a fin de distraer la tensión en que ya se encontraba la guarnición.
En principio, la fecha del final de las maniobras, se estimó buena para el alzamiento, decidida ya la idea de Mola de asegurar la sublevación fuera de Madrid, para caer luego sobre la capital. Los desacuerdos del “Director” -así firmaba el general Mola- con los carlistas y otras dificultades de última hora, hicieron que esta fecha se aplazara. El asesinato de José Calvo Sotelo, perpetrado por el Gobierno republicano el 13 de julio de 1936, puso fin a todas las dudas.
Terminadas las maniobras del Llano Amarillo, las tropas volvieron a sus cuarteles. En la ceremonia de clausura, y ante las máximas autoridades republicanas, se palpaba ya el espíritu de levantamiento, sobre todo en los oficiales más jóvenes, adictos en gran número a Falange. El Llano Amarillo fueron captados para el Movimiento militar los coroneles Luis Soláns y Emilio Peñuelas, que se unieron a los jefes de la conspiración, los tenientes coroneles Yagüe (delegado general en Ceuta), Gautier (Ceuta), Sáenz de Buruaga, Asensio Cabanillas y Beigbeder (Tetuán), Losas y Alfaro (Larache), Juan Bautista Sánchez (Villa Sanjurjo) y Seguí, Bartomeu, Barrón, Delgado Serrano y Gazapo (Melilla).
La consigna definitiva para el alzamiento, que Yagüe haría circular telefónicamente el día 16, fue redactada por el “Director” en esta escueta forma: “El 17, a las 17”. Lo que en realidad quería decir que, a partir de las cinco de la tarde del 17 de julio, había que estar en guardia y pendientes de los acontecimientos de Ceuta, pues el punto de partida debía marcarlo la llegada de Franco a la ciudad del Estrecho.
El 17 de julio por la mañana, en Melilla, los coroneles que estaban al tanto del alzamiento militar, se reunieron en el departamento cartográfico en el edificio de la Comisión de Límites, para trazar los planes de ocupación de los edificios públicos, planes que comunican a los dirigentes falangistas. Uno de los dirigentes locales de la Falange informa al dirigente local de Unión Republicana, llegando esta información al general Manuel Romerales Quintero, comandante militar de Melilla, que a su vez informa al presidente del Gobierno Santiago Casares Quiroga.
Romerales envía por la tarde una patrulla de guardias de Asalto y policía de paisano a registrar el departamento cartográfico. El teniente coronel de Estado Mayor Darío Gazapo Valdés, jefe de dicha comisión, hace retrasar el registro, alegando que para que la policía pudiese llevar a cabo tal registro, en una dependencia militar, era precisa la previa autorización del comandante militar de la plaza, general de brigada Romerales, y aprovecha para llamar al cuartel de la Legión, hablando con el teniente Julio de la Torre, el cual se presenta con una veintena de legionarios. Ante estos, la patrulla se rinde y los sublevados proceden a arrestar a Romerales, proclamando el estado de guerra, iniciando de esa forma anticipadamente el levantamiento, informando inmediatamente a los compañeros del resto de Marruecos que habían sido descubiertos, lo que hizo que en Marruecos se adelantase la fecha prevista. Por ese motivo Mola establece el 18 de julio como la fecha de la sublevación que se generaliza en casi toda España, y el 19 de julio de 1936 ya es general.
GeneralismoFranco.com
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domingo, 18 de julio de 2010
domingo, 11 de julio de 2010
jueves, 8 de julio de 2010
Waterloo,el ocaso de Napoleon.
La alianza de Bonaparte con el zar Alejandro I quedó anulada en 1812 y Napoleón emprendió una campaña contra Rusia que terminó con la trágica retirada de Moscú. La cruda derrota sufrida por los ejércitos napoleónicos en las estepas rusas en 1814, provocó la abdicación del otrora dueño de la Europa Occidental y su confinamiento en la isla de Elba. Cuatro meses más tarde escapó de su exilio y regresó a París; en consecuencia, los antiguos aliados -Rusia, Austria, Prusia y Gran Bretaña-, volvieron a reunirse para intentar derrotarlo. La batalla decisiva se producirá en Waterloo.
Los aliados anglo-holandeses destacaron 15.000 hombres en Halle y fortificaron algunos puntos como el castillo de Hougomount y la granja de La Haye-Sainte. Por su parte, Napoleón, atrincherado tras su flanco derecho, situó a su artillería en primera línea y envió un ataque sobre las posiciones fortificadas, esperando atraer algunos efectivos del centro aliado. Sin embargo, Wellington astutamente apenas reforzó el sitio de Hougomount, manteniendo el orden de sus posiciones.
Con las primeras descargas de artillería, por el este apareció una avanzadilla de las tropas prusianas, lo que obligó a Napoleón a desplazar un cuerpo de la reserva para contenerlos. Para protegerse de la artillería francesa, Wellington ordenó a sus hombres simular un repliegue. Al creer que se retiraban, 5.000 jinetes franceses cargaron sin ayuda de infantería ni artillería. Entonces la infantería inglesa se dispuso en cuadros con tres filas de bayonetas, rechazando el ataque francés y obligando a la caballería a huir en desbandada. Napoleón ordenó entonces un ataque entre Hougoumont y La-Haye-Sainte, un intento fracasado. La infantería francesa fue aniquilada, mientras que la Guardia y la caballería hubieron de replegarse.
El fracaso de Waterloo significó el ocaso del Imperio napoleónico. Bonaparte fue recluido en la remota Santa Elena, una isla en el sur del océano Atlántico. El otrora todopoderoso emperador falleció, tal vez envenenado, el 5 de mayo de 1821.
Los aliados anglo-holandeses destacaron 15.000 hombres en Halle y fortificaron algunos puntos como el castillo de Hougomount y la granja de La Haye-Sainte. Por su parte, Napoleón, atrincherado tras su flanco derecho, situó a su artillería en primera línea y envió un ataque sobre las posiciones fortificadas, esperando atraer algunos efectivos del centro aliado. Sin embargo, Wellington astutamente apenas reforzó el sitio de Hougomount, manteniendo el orden de sus posiciones.
Con las primeras descargas de artillería, por el este apareció una avanzadilla de las tropas prusianas, lo que obligó a Napoleón a desplazar un cuerpo de la reserva para contenerlos. Para protegerse de la artillería francesa, Wellington ordenó a sus hombres simular un repliegue. Al creer que se retiraban, 5.000 jinetes franceses cargaron sin ayuda de infantería ni artillería. Entonces la infantería inglesa se dispuso en cuadros con tres filas de bayonetas, rechazando el ataque francés y obligando a la caballería a huir en desbandada. Napoleón ordenó entonces un ataque entre Hougoumont y La-Haye-Sainte, un intento fracasado. La infantería francesa fue aniquilada, mientras que la Guardia y la caballería hubieron de replegarse.
El fracaso de Waterloo significó el ocaso del Imperio napoleónico. Bonaparte fue recluido en la remota Santa Elena, una isla en el sur del océano Atlántico. El otrora todopoderoso emperador falleció, tal vez envenenado, el 5 de mayo de 1821.
lunes, 5 de julio de 2010
El Gran Asedio Turco de Malta
En 1565 más de 40.000 turcos se disponían a conquistar el último bastión de los antiguos caballeros de la Orden de San Juan en el Mediterráneo. Lo allí acontecido forma parte de la más orgullosa página de la historia del ejército español.
El gran asedio turco de la isla de Malta en 1565 es una de las más heroicas y desconocidas historias que han protagonizado soldados españoles. El desproporcionado ejército con el que afrontaron ambos bandos la batalla hizo de todo lo que allí aconteció un suceso clave en la historia de la historia, aquella que habla de hombres que luchan por ideas ante la imposibilidad de ganar un mañana. Sólo hay un documento fiable de todo lo que allí sucedió, que es el diario escrito por Francisco Balbi de Correggio, soldado italiano españolizado, luchaba para Felipe II, que pasó junto a sus compañeros los cuatro meses que duró el terrible asedio y que dejó constancia, día a día, de lo que allí ocurrió. Aparte de este libro, en la propia isla de Malta hay multitud de rastros que aún se mantienen en pie y desde los que se puede entender lo ocurrido. Es emocionante escuchar a los guías que explican el asedio las heroicas batallas que tuvieron acento hispano. El final de aquella barbarie tiene la imagen de barcos de la Corona española dispuestos a acabar con el bloqueo otomano pero, ¿cuál fue el principio?
Hay una bella historia sobre el precio que pagaron los caballeros de la Orden Hospitalaria de San Juan por asentarse en la rocosa ínsula. La milicia cristiana fue expulsada en 1522 de la mediterránea isla de Rodas por las tropas turcas de Solimán el Magnífico. Los caballeros vagaron durante siete años por el Mare Nostrum sin tener un lugar en el que asentarse hasta que el emperador Carlos V les cedió la isla de Malta a cambio de un halcón que debían enviarle cada año, también tenían que mandar a España anualmente un vaso con agua de una fuente y dar una misa.
En 1530, la antigua Orden Hospitalaria de San Juan pasó a llamarse Orden de Malta. En realidad, la roca se convierte en el bastión desde el que contener el avance turco por el Mediterráneo. El, ya rey, Felipe II posee este lugar y la costa tunecina como enclaves desde los que contener el avance de las tropas de la media luna y desde los que lanzar sus naves para hostigar a las naves berberiscas. (Los corsarios habían intentado ya llegar hasta la costa balear).
En este escenario, y tras un fuerte ataque lanzado en 1551 a la propia Malta, llegan noticias, en 1565, a los caballeros de la Orden de Malta, de que Solimán prepara de nuevo un feroz asedio a la isla. “A nosotros, con la presa de Malta, nos resultarían muchos bienes y grandezas, pues correríamos todos aquellos mares de Poniente con mucha de nuestra reputación y daño de nuestros enemigos y con el tiempo nos apoderaríamos de Sicilia”, espetó el Magnífico a sus generales. Durante los 14 años que han transcurrido entre ambos ataques, el entonces Gran Maestre de la Orden, el francés Jean Parisot de la Valette, había previsto que los turcos volverían y había preparado la bienvenida. Se reforzó el fuerte de San Ángel en la ciudad de Birgu y se construyeron los fuertes de San Telmo, en La Valeta, y de San Miguel, en la ciudad de Senglea. Los tres fuertes, que cerraban la entrada de la bahía, se convirtieron en enclaves desde los que bombardear con facilidad la entrada de naves enemigas. Cualquiera que visite la isla, algo que recomendamos a todos los amantes de la historia, puede observar aún la disposición de los tres castillos y hacerse una idea de la gran batalla que frente a sus muros se sucedió.
Historia de vieja Iberia
El gran asedio turco de la isla de Malta en 1565 es una de las más heroicas y desconocidas historias que han protagonizado soldados españoles. El desproporcionado ejército con el que afrontaron ambos bandos la batalla hizo de todo lo que allí aconteció un suceso clave en la historia de la historia, aquella que habla de hombres que luchan por ideas ante la imposibilidad de ganar un mañana. Sólo hay un documento fiable de todo lo que allí sucedió, que es el diario escrito por Francisco Balbi de Correggio, soldado italiano españolizado, luchaba para Felipe II, que pasó junto a sus compañeros los cuatro meses que duró el terrible asedio y que dejó constancia, día a día, de lo que allí ocurrió. Aparte de este libro, en la propia isla de Malta hay multitud de rastros que aún se mantienen en pie y desde los que se puede entender lo ocurrido. Es emocionante escuchar a los guías que explican el asedio las heroicas batallas que tuvieron acento hispano. El final de aquella barbarie tiene la imagen de barcos de la Corona española dispuestos a acabar con el bloqueo otomano pero, ¿cuál fue el principio?
Hay una bella historia sobre el precio que pagaron los caballeros de la Orden Hospitalaria de San Juan por asentarse en la rocosa ínsula. La milicia cristiana fue expulsada en 1522 de la mediterránea isla de Rodas por las tropas turcas de Solimán el Magnífico. Los caballeros vagaron durante siete años por el Mare Nostrum sin tener un lugar en el que asentarse hasta que el emperador Carlos V les cedió la isla de Malta a cambio de un halcón que debían enviarle cada año, también tenían que mandar a España anualmente un vaso con agua de una fuente y dar una misa.
En 1530, la antigua Orden Hospitalaria de San Juan pasó a llamarse Orden de Malta. En realidad, la roca se convierte en el bastión desde el que contener el avance turco por el Mediterráneo. El, ya rey, Felipe II posee este lugar y la costa tunecina como enclaves desde los que contener el avance de las tropas de la media luna y desde los que lanzar sus naves para hostigar a las naves berberiscas. (Los corsarios habían intentado ya llegar hasta la costa balear).
En este escenario, y tras un fuerte ataque lanzado en 1551 a la propia Malta, llegan noticias, en 1565, a los caballeros de la Orden de Malta, de que Solimán prepara de nuevo un feroz asedio a la isla. “A nosotros, con la presa de Malta, nos resultarían muchos bienes y grandezas, pues correríamos todos aquellos mares de Poniente con mucha de nuestra reputación y daño de nuestros enemigos y con el tiempo nos apoderaríamos de Sicilia”, espetó el Magnífico a sus generales. Durante los 14 años que han transcurrido entre ambos ataques, el entonces Gran Maestre de la Orden, el francés Jean Parisot de la Valette, había previsto que los turcos volverían y había preparado la bienvenida. Se reforzó el fuerte de San Ángel en la ciudad de Birgu y se construyeron los fuertes de San Telmo, en La Valeta, y de San Miguel, en la ciudad de Senglea. Los tres fuertes, que cerraban la entrada de la bahía, se convirtieron en enclaves desde los que bombardear con facilidad la entrada de naves enemigas. Cualquiera que visite la isla, algo que recomendamos a todos los amantes de la historia, puede observar aún la disposición de los tres castillos y hacerse una idea de la gran batalla que frente a sus muros se sucedió.
Historia de vieja Iberia
sábado, 3 de julio de 2010
viernes, 2 de julio de 2010
El castillo de la triste Condesa.
El castillo de la Triste Condesa se encuentra en el casco urbano de la villa de Arenas de San Pedro, a 86 kilómetros de Ávila, en las inmediaciones de la Sierra de Gredos. Se eleva junto al río Arenal, afluente del Tiétar, en la parte más baja de la población y se asienta sobre las rocas graníticas sin cimentación alguna, y defendiendo el puente sobre el río.
Fue construido entre 1393 y 1423 por el condestable Don Ruiz López Dávalos, que fue desterrado en 1422 por el rey. Un año más tarde pasó a la familia Pimentel. El segundo conde de Benavente dio la fortaleza en dote a su hija doña Juana Pimentel que se casó con Don Álvaro de Luna en 1432. El marido de doña Juana Pimentel murió ajusticiado por el rey Juan II en 1453, y desde ese momento el castillo comenzó a conocerse por Castillo de la Triste Condesa. El castillo, tras largos pleitos, siguió en manos de la Triste Condesa. Por su extraordinaria posicion estrategica y geografica, fue durante la reconquista fortaleza fronteriza que guardaba el unico paso que cruzaba la sierra de Gredos por un puente a orillas del palacio. Por este motivo fue un importante punto de contencion del avance islamico en la peninsula. En 1809 durante la Guerra de la Independencia, los franceses utilizan el castillo como fortaleza. Una partida de 24 soldados franceses son asesinados en las cercanías. En represalia, son degollados 30 vecinos del pueblo, y se incendian el castillo, ayuntamiento, el convento de agustinos y más de 300 casas. En 1838 vuelve a servir esta vez como fortaleza de las tropas Isabelinas, el 22 de junio de 1838, una facción carlista, partiendo de los montes de Gavilanes y en número de 500 hombres al mando del cabecilla Blas García «Perdiz» asalta y quema el castillo. Durante la guerra civil fue fortaleza republicana hasta septiembre de 1936 que con la toma de los nacionales y terminada la guerra fue la ultima vez que sus murallas dieron cobijo a soldados.
Es un castillo de estilo gótico con planta cuadrada rematado por un parapeto almenado. Posee cubos circulares en las esquinas y tres cubos macizos rectangulares en los lienzos. Al interior se accede a través de dos puertas, una se encuentra en el lado este junto a la torre del homenaje. Las crujías del patio de armas fueron destruidas para habilitarlo como cementerio. Este patio tuvo dos pisos con bastantes habitaciones residenciales.
La torre del homenaje, que se levanta 10 metros por encima de los cubos, tiene planta rectangular y se encuentra rematada con almenas. Se divide en cuatro pisos. En los dos últimos presenta una serie de dobles ventanas defendidas por un balconcillo.
Posee más aspecto de palacio que de fortaleza, y sirvió de modelo al castillo de Valdecorneja, situado en el Barco de Ávila.
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Fue construido entre 1393 y 1423 por el condestable Don Ruiz López Dávalos, que fue desterrado en 1422 por el rey. Un año más tarde pasó a la familia Pimentel. El segundo conde de Benavente dio la fortaleza en dote a su hija doña Juana Pimentel que se casó con Don Álvaro de Luna en 1432. El marido de doña Juana Pimentel murió ajusticiado por el rey Juan II en 1453, y desde ese momento el castillo comenzó a conocerse por Castillo de la Triste Condesa. El castillo, tras largos pleitos, siguió en manos de la Triste Condesa. Por su extraordinaria posicion estrategica y geografica, fue durante la reconquista fortaleza fronteriza que guardaba el unico paso que cruzaba la sierra de Gredos por un puente a orillas del palacio. Por este motivo fue un importante punto de contencion del avance islamico en la peninsula. En 1809 durante la Guerra de la Independencia, los franceses utilizan el castillo como fortaleza. Una partida de 24 soldados franceses son asesinados en las cercanías. En represalia, son degollados 30 vecinos del pueblo, y se incendian el castillo, ayuntamiento, el convento de agustinos y más de 300 casas. En 1838 vuelve a servir esta vez como fortaleza de las tropas Isabelinas, el 22 de junio de 1838, una facción carlista, partiendo de los montes de Gavilanes y en número de 500 hombres al mando del cabecilla Blas García «Perdiz» asalta y quema el castillo. Durante la guerra civil fue fortaleza republicana hasta septiembre de 1936 que con la toma de los nacionales y terminada la guerra fue la ultima vez que sus murallas dieron cobijo a soldados.
Es un castillo de estilo gótico con planta cuadrada rematado por un parapeto almenado. Posee cubos circulares en las esquinas y tres cubos macizos rectangulares en los lienzos. Al interior se accede a través de dos puertas, una se encuentra en el lado este junto a la torre del homenaje. Las crujías del patio de armas fueron destruidas para habilitarlo como cementerio. Este patio tuvo dos pisos con bastantes habitaciones residenciales.
La torre del homenaje, que se levanta 10 metros por encima de los cubos, tiene planta rectangular y se encuentra rematada con almenas. Se divide en cuatro pisos. En los dos últimos presenta una serie de dobles ventanas defendidas por un balconcillo.
Posee más aspecto de palacio que de fortaleza, y sirvió de modelo al castillo de Valdecorneja, situado en el Barco de Ávila.
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jueves, 1 de julio de 2010
1 DE JULIO DE 1898
En el deseo de tomar cuanto antes Santiago de Cuba, el ejército estadounidense recibió orden de atacar la línea defensiva española para romperla y ocupar la ciudad. Los objetivos eran las posiciones fortificadas de El Caney y San Juan. Los americanos creían que eran parte de la línea principal de defensa de la ciudad y su captura obligaría a los españoles a la rendición inmediata. El día 1 de julio de 1898, la división del general Lawton recibió orden de marchar contra El Caney. El grueso del ejército invasor se dirigió contra las posiciones que defendían San Juan. Entre ellas destacaba la posición colocada en la loma del sistema defensivo desde la que se podía hacer fuego sin gran riesgo para sus defensores. 20.000 soldados americanos se despliegan frente a la posición española apoyados por 12 cañones Hotchkiss de tiro rápido. Enfrente están apostados 1700 españoles pertenecientes a los regimientos Asia, Talavera, Puerto Rico y Constitución y a la marina. Su única artillería son dos modernos cañones Krupp de tiro rápido. Mientras la infantería española usa los fusiles Máuser de gran precisión y alcance, los americanos usan los anticuados fusiles Rémington.
Al amanecer del día 1 de julio se oye el fragor del combate en dirección a Caney. Shafter da orden de atacar San Juan. Las divisiones de los generales Wheeler y Kent comienzan el despliegue apoyados por la Brigada Summer que intenta cruzar el Río San Juan para envolver las posiciones defensivas. Los españoles observan el despliegue y el general Linares ordena reforzar la loma de San Juan con una compañía del regimiento Talavera y la posición de Canosa con otra compañía del regimiento Puerto Rico.
A las 6'30 horas, la batería americana al mando de Grimes abre fuego contra las defensas españolas en la Loma. El general Linares manda otra compañía de refuerzo. La guarnición española en la loma es de 300 hombres al mando del Coronel Vaquero. Desde un globo cautivo los estadounidenses dirigen el fuego de la artillería y el avance de las tropas a través de la manigua. La artillería española, al mando del coronel Díaz Ordóñez, se despliega en la loma de San Juan y, desde allí, contrarresta el fuego de la artillería americana. Sus disparos silencian durante un buen rato los cañones enemigos a pesar de que tenían el sol de frente y los cañones americanos estaban escondidos entre la vegetación de la manigua. La razón era que los españoles usaban pólvora sin humo, mientras que los estadounidenses emplean pólvora negra que deja rastro al disparar.
La división de Wheeler avanza en formación cerrada y con dificultad entre la vegetación. Las trincheras españolas hacen un fuego denso y continuado que causan decenas de muertos y heridos. Una maniobra de la división Kent, que logra enlazar con la brigada Summer, permite agilizar el avance americano amenazando el flanco español. La caballería estadounidense cruza el Río San Juan para intentar enlazar con la división Lawton a la que se suponía ya avanzando después de tomar El Caney. Pero los 6.500 hombres de Lawton seguían fijados frente a esa posición por 549 españoles. A las 11, la batería Grimes vuelve a abrir fuego sobre la Loma de San Juan. Por segunda vez es silenciada por la artillería española. Los cañones del coronel Díaz Ordóñez apuntan ahora contra el globo cautivo desde el cual eran observadas las posiciones españolas. Al cuarto disparo el globo cae desinflado. Para continuar leyendo haz clic en este enlace
miércoles, 30 de junio de 2010
Guerrilleros españoles en la guerra de la independencia.
Desde mediados de 1809, a medida que los fracasos militares dejaban al país en manos francesas, se extendió la guerra popular, motivada por estímulos que iban desde los sentimientos patrióticos, religiosos, hasta la necesidad de oponerse al pillaje enemigo. Las guerrillas eran incapaces de acciones masivas, aptas para batir al ejército invasor. Sólo atacaban cuando eran superiores y, ante fuerzas mayores, huían sin comprometerse. Sin enfrentamientos directos con el enemigo, sus acciones más frecuentes eran las emboscadas a destacamentos,el asalto a convoyes y la intercepción de correos. Sus jefes fueron casi siempre hombres salidos del pueblo (Espoz y Mina, El Empecinado, el cura Merino),aunque no faltaban algunos oficiales jóvenes (Porlier, Miláns del Bosch, Manso). Su sostenimiento era sencillo, pues buena parte del armamento y vestuario se lograba con las presas tomadas al enemigo y, al combatir en terreno propio, contaban con el apoyo masivo de la población, a la que mantenían en su actitud de resistencia. Por otra parte, perseguían y castigaban a los colaboradores del enemigo y desorganizaban los servicios franceses de retaguardia. Prestaron inapreciables servicios de información y cobertura a los ejércitos regulares, cuando éstos pudieron salir nuevamente a campaña. Su actuación masiva entretuvo gran cantidad de tropas enemigas que, de otro modo, se habrían empleado contra Cádiz o Torres Vedras.
LOS GUERRILLEROS practicaban un tipo de lucha distinto al que conocía el ejército napoleónico. Era una actuación campesina y primitiva: cruel, barata y eficaz. Cuando los franceses se extendían en una región para perseguirles, los destacamentos franceses perdían fuerza y estaban expuestos a las emboscadas. Cuando se concentraban, el territorio volvía a manos de los guerrilleros. Las partidas, de organización sencilla, se diseminaban fácilmente cuando aumentaba la presión enemiga. Y volvían a reunirse si disminuía. El poder central comprendió la importancia de este tipo de guerra, que llegó a contar con más de 30 000 combatientes organizados en partidas diversas y con jefes locales; d más importante de los cuales, Espoz y Mina, logró encuadrar 8000 hombres y controlar Navarra y parte de Aragón y la Rioja. Así, se publicó un Reglamento de Partidas y un decreto regulador del Corso Terrestre, en 1809. Pero las disposiciones oficiales no incidieron en la institución guerrillera, verdaderamente autónoma de los poderes públicos-ineficaces frente a los invasores-, mientras la guerrilla popular era la única fuerza que se les oponía.
EL GUERRILLERISMO ESPAÑOL fue uno de los primeros ejemplos de la participación generalizada en la guerra. Fenómeno desconocido en el absolutismo típico de la historia contemporánea. La guerra permitió la extensión de las ideas patrióticas y de la soberanía nacional.
Desde el punto de vista militar guerra irregular no era un hecho independiente. Había sido practicada por cuantas poblaciones, desde la antigüedad, se oponían a un ejército invasor. Lo realmente nuevo consistió en animar a los jóvenes guerrilleros y a la población a que colaborara con ideales que mantuvieran viva la rebelión.
Fuente: Boinasverdes.org
LOS GUERRILLEROS practicaban un tipo de lucha distinto al que conocía el ejército napoleónico. Era una actuación campesina y primitiva: cruel, barata y eficaz. Cuando los franceses se extendían en una región para perseguirles, los destacamentos franceses perdían fuerza y estaban expuestos a las emboscadas. Cuando se concentraban, el territorio volvía a manos de los guerrilleros. Las partidas, de organización sencilla, se diseminaban fácilmente cuando aumentaba la presión enemiga. Y volvían a reunirse si disminuía. El poder central comprendió la importancia de este tipo de guerra, que llegó a contar con más de 30 000 combatientes organizados en partidas diversas y con jefes locales; d más importante de los cuales, Espoz y Mina, logró encuadrar 8000 hombres y controlar Navarra y parte de Aragón y la Rioja. Así, se publicó un Reglamento de Partidas y un decreto regulador del Corso Terrestre, en 1809. Pero las disposiciones oficiales no incidieron en la institución guerrillera, verdaderamente autónoma de los poderes públicos-ineficaces frente a los invasores-, mientras la guerrilla popular era la única fuerza que se les oponía.
EL GUERRILLERISMO ESPAÑOL fue uno de los primeros ejemplos de la participación generalizada en la guerra. Fenómeno desconocido en el absolutismo típico de la historia contemporánea. La guerra permitió la extensión de las ideas patrióticas y de la soberanía nacional.
Desde el punto de vista militar guerra irregular no era un hecho independiente. Había sido practicada por cuantas poblaciones, desde la antigüedad, se oponían a un ejército invasor. Lo realmente nuevo consistió en animar a los jóvenes guerrilleros y a la población a que colaborara con ideales que mantuvieran viva la rebelión.
Fuente: Boinasverdes.org
martes, 29 de junio de 2010
lunes, 28 de junio de 2010
La mentira de "Al Andalus"
Todos hemos escuchado miles de veces la estupidez mas grande jamas contada sobre nuestra historia, sobre la "España musulamana": Al Andalus. Ese paraiso sarraceno en donde las ciencias y las letras unian a tres culturas y toda esas patrañas y embustes que solo pretenden empañar nuestra historia. Al Andalus, hubo un dia que se llamo Vandalusia( tierra de vandalos) muchos años antes de la invasion de los musulmanes la peninsula.
Los Dragones de cuera.
Las unidades de Caballería más desconocidas y olvidadas de nuestra historia, desde finales del siglo XVI tuvieron por misión la custodia de la frontera norte de los territorios españoles en América: las tropas presidiales o en su denominación más común, los dragones de cuera.
Su formación obedece a la necesidad de proteger los 3.000 kilómetros de frontera norte del Virreinato de la Nueva España, entre Califonia y Florida, al norte de la cual se encuentran los territorios en los que nomadean las tribus indias que el cine de Hollywood hará populares 400 años más tarde: los mescaleros, los chiricauas, los navajos, los comanches, y por encima de todos, los apaches. Pueblos dotados de unos guerreros excelentes, despiadados, y que se caracterizan por no vivir de forma sedentaria, y por lo tanto, por no disponer de ciudades o tierras de cultivo que poder conquistar para reducirles. Sus tácticas de combate se basan en una gran movilidad, una tremenda habilidad para los golpes de mano y las emboscadas y una poderosa capacidad de obtención de información sobre el enemigo, gracias a la destreza de sus exploradores.
Para hacer frente a sus incursiones, la Corona de España levanta en la frontera diversos acuartelamientos de adobe y piedra, que toman el nombre de presidios, a semejanza de las fortificaciones que cumplen misiones de vigilancia en el Norte de Africa ante las embestidas musulmanas. Y serán las tropas presidiales, los dragones de cuera, quienes formen las guarniciones de esos presidios, una débil línea de fuertes en un terreno baldío, con unas condiciones climatológicas extremas , mal dotados y escasos de personal para atender todas las necesidades militares de la frontera. Llama la atención la capacidad de estas tropas de guardar en paz la frontera si se tiene en cuenta la extensión de terreno que habían de custodiar y lo reducido de su fuerza: en 1705, había 592 soldados presidiales, mientras que en 1780 eran 1.495 dragones de cuera.
El reclutamiento se hace entre la población local, gente con la misma dureza que los indios, habituada a las condiciones del clima y del terreno, soldados rústicos y acostumbrados a cabalgar cientos de leguas, que aceptan la posibilidad de morir tanto de insolación como de congelación y de soportar una guerra sin cuartel. El nombre de estas tropas, dragones de cuera, procede de la forma que tienen de combatir, a pie o a caballo a semejanza de los dragones, y sobre todo, por la cuera, una especie de coraza formada por varias capas de cuero rellenas de algodón, que las hacen impenetrables a las flechas y lanzas que emplean como armamento los indios. Tiene como inconveniente su excesivo peso, lo que reduce la movilidad del dragón en combate. Como armamento, los reglamentos les señalan lanza, escopeta, pistola y como elemento defensivo, una adarga o escudo, que es un elemento muy apreciado por los soldados presidiales. Cada soldado de cuera debe disponer, además, de seis caballos, un potro y una mula, según recoge un Reglamento de 1772.
Poco se ha escrito sobre esta unidad de caballeria que tantas y tan dificiles y duras misiones le fueron encomendadas como la campaña de 1775 que persiguieron con medio millar de hombres durante mas de 1.000km a 243 apches a los que dieron muerte. Cuenta el escritor Albi de Cuesta que en una ocasion, los comanches tubieron que retirarse abandonando la manada que caballos que habian robado tras perder 40 hombres en un largo y duro combate cuerpo a cuerpo. Otra accion el 26 de abril de 1776, un alferez con 42 dragones pusieron en fuga a 300 apaches despues de cinco largas horas de combate. Los dragones solian cargar una y otra vez buscando el cuerpo a cuerpo con los indios aprovechando la superioridad de sus armas, Peleaban tanto a caballo como a pie.
Su formación obedece a la necesidad de proteger los 3.000 kilómetros de frontera norte del Virreinato de la Nueva España, entre Califonia y Florida, al norte de la cual se encuentran los territorios en los que nomadean las tribus indias que el cine de Hollywood hará populares 400 años más tarde: los mescaleros, los chiricauas, los navajos, los comanches, y por encima de todos, los apaches. Pueblos dotados de unos guerreros excelentes, despiadados, y que se caracterizan por no vivir de forma sedentaria, y por lo tanto, por no disponer de ciudades o tierras de cultivo que poder conquistar para reducirles. Sus tácticas de combate se basan en una gran movilidad, una tremenda habilidad para los golpes de mano y las emboscadas y una poderosa capacidad de obtención de información sobre el enemigo, gracias a la destreza de sus exploradores.
Para hacer frente a sus incursiones, la Corona de España levanta en la frontera diversos acuartelamientos de adobe y piedra, que toman el nombre de presidios, a semejanza de las fortificaciones que cumplen misiones de vigilancia en el Norte de Africa ante las embestidas musulmanas. Y serán las tropas presidiales, los dragones de cuera, quienes formen las guarniciones de esos presidios, una débil línea de fuertes en un terreno baldío, con unas condiciones climatológicas extremas , mal dotados y escasos de personal para atender todas las necesidades militares de la frontera. Llama la atención la capacidad de estas tropas de guardar en paz la frontera si se tiene en cuenta la extensión de terreno que habían de custodiar y lo reducido de su fuerza: en 1705, había 592 soldados presidiales, mientras que en 1780 eran 1.495 dragones de cuera.
El reclutamiento se hace entre la población local, gente con la misma dureza que los indios, habituada a las condiciones del clima y del terreno, soldados rústicos y acostumbrados a cabalgar cientos de leguas, que aceptan la posibilidad de morir tanto de insolación como de congelación y de soportar una guerra sin cuartel. El nombre de estas tropas, dragones de cuera, procede de la forma que tienen de combatir, a pie o a caballo a semejanza de los dragones, y sobre todo, por la cuera, una especie de coraza formada por varias capas de cuero rellenas de algodón, que las hacen impenetrables a las flechas y lanzas que emplean como armamento los indios. Tiene como inconveniente su excesivo peso, lo que reduce la movilidad del dragón en combate. Como armamento, los reglamentos les señalan lanza, escopeta, pistola y como elemento defensivo, una adarga o escudo, que es un elemento muy apreciado por los soldados presidiales. Cada soldado de cuera debe disponer, además, de seis caballos, un potro y una mula, según recoge un Reglamento de 1772.
Poco se ha escrito sobre esta unidad de caballeria que tantas y tan dificiles y duras misiones le fueron encomendadas como la campaña de 1775 que persiguieron con medio millar de hombres durante mas de 1.000km a 243 apches a los que dieron muerte. Cuenta el escritor Albi de Cuesta que en una ocasion, los comanches tubieron que retirarse abandonando la manada que caballos que habian robado tras perder 40 hombres en un largo y duro combate cuerpo a cuerpo. Otra accion el 26 de abril de 1776, un alferez con 42 dragones pusieron en fuga a 300 apaches despues de cinco largas horas de combate. Los dragones solian cargar una y otra vez buscando el cuerpo a cuerpo con los indios aprovechando la superioridad de sus armas, Peleaban tanto a caballo como a pie.
De tal Rey, tales subditos.
Despues de la union de las coronas de España y del Imperio en Carlos V (1519) queda formado de pronto el más vasto dominio hasta entonces conocido en Occidente, integrado por las posesiones de España en América,
Africa del Norte e Italia (herencia materna) y los estados del imperio alemán, Flandes y Borgoña (herencia paterna). España se convierte en gran potencia mundial, bajo un solo rey, cuyo interés nacional será subordinado a la política imperial. Carlos I llega a España como un joven extranjero, nacido en Flandes y educado en la corte austriaca, sin saber español y rodeado de cortesanos flamencos que ven en España un pais explotable. Carlos V corrige tales errores y empieza a españolizarse, identificándose con el pueblo castellano -Castilla tesoro y espada del rey- que tan fielmente le sirve en sus empresas imperiales, adoptando el español como lengua preferida incluso en las reuniones internacionales, y acabando sus dias retirado en el Yuste (Extremadura), con un gesto muy español de dejar los negocios de este mundo para preparar la salvación del alma en el otro. Durante su reinado predomaron de los asuntos exteriores del Imperio sobre los internos de España, lo cual no quiere decir que los españoles no apoyasen con fervor al Emperador, pues si éste se españolizó ellos tambión se imperializaron, adquiriendo muy pronto el sentimiento orgulloso de su misión imperial, como continuación natural de la Reconquista.
jueves, 24 de junio de 2010
El heroico Pelayo
Los PELAYOS también tienen su historia en la Guerra Civil Española. Muchos de ellos no pudieron conformarse con hacer la instrucción y desfilar en la retaguardia. Fueron muchos los servicios que prestaron los hijos de la tradición y muchos se escaparon de sus casas para presentarse en los Tercios de Requetés y aun cuando eran devueltos por los Jefes de las Unidades. "Algunos" burlaron esta disciplina, bien ocultando la edad, bien permaneciendo ocultos por los Requetés mayores.
Según nos cuenta Casariego:......... En Peña del Salto había centenar y medio de valientes Requetés que vigilaban desde sus hondas trincheras, tras una doble alambrada de espino. Los mandaba un Capitán cuarentón, curtido en las Guerras Marroquíes.
Con los Requetés estaba también un PELAYO, niño que hacía poco había cumplido los 13 años. Un hombrecito serio y sereno que servía de enlace, y todos los amaneceres, montando en un borriquillo gris, bajaba al pueblo, silbando el Oriamendi, a recoger los periódicos y paquetes para los voluntarios.
Muchas noches, el pequeño PELAYO, salía de su "garigolo" y, sentándose sobre los sacos terreros, se ponía tocar con una gran armónica melancólicos aires de la tierra o himnos patrióticos....
Un día empezaron a llover mortíferos proyectiles de la artillería debido a un ataqué del enemigo. La tierra temblaba bajo la metralla y el estruendo de la trilita y la pólvora. Durante cuatro horas los bravos Requetés soportaron un chaparrón de hierro de la artillería enemiga y llegó el momento de hacer frente el asalto de la infantería. ERA EL MOMENTO CULMINANTE PARA TODO GUERRERO. CUANDO EL CORAZÓN PARECE UN CORCEL DESBOCADO Y UN MANO INVISIBLE APRIETA LA GARGANTA CON SENSACIÓN DE ANGUSTIA.
--Serenidad, muchachos. No un solo tiro todavía ¡Mucho cuidado con precipitarse!. Ordenó el Capitán.
Entre tanto. el enemigo seguía subiendo. Primero lo hicieron tímidamente. Después, viendo que no pasaba nada, creyendo sin duda que los Requetés habían huido, empezaron a salir en masa y llenos de optimismo subían en actitud guerrera.
En el Grupo más avanzado del enemigo venía un Teniente del Ejercito Popular que esgrimiendo una pistola de reglamento gritaba:
-- ¡Arriba cobardes!
-- Al que se eche p'atras desnúcolo
Cuando el enemigo estaba a la altura de las alambradas el Capitán de los Requetés ordenó.
-- ¡Fuego!
-- Viva España
NO HAY PLUMA CAPAZ DE DESCRIBIR LO QUE PASO EN AQUELLOS MOMENTOS.
Y otra vez el intento de asalto, y otra vez la artillería enemiga, y así todo el día hasta el oscurecer, en que el enemigo seguía más obstinado que nunca en abatir aquel bastión de ESPAÑA.
La situación era dificilísima. Había muchas bajas y ni un mal refugio para evacuar a los heridos. Las trincheras estaban destrozadas; las alambradas, rotas y las máquinas, inutilizadas.
El Capitán herido en un brazo, requirió lleno de energía:
-- ¡A ver, un enlace!.
-- ¡A sus órdenes!
Tranquilo el PELAYO, el niño soldado, estaba cuadrado ante el Jefe de la Unidad
--¿Pero Tú? ¡Tu no me sirves!.
--¿Que no mi Capitán? Mejor que nadie. Como soy un chaval, me cubro más en el monte y no me ven pasar.
Y añadió suplicante:
--Ande déjeme llevar el parte. Ya verá como llega.
El Capitán le miró un momento de pies a cabeza. Sacó el lapicero y el cuadernillo, y escribió unas líneas. Dobló el papel y puso al dorso:
Capitán Jefe de Peña del Salto a Comandante X. Entregándoselo al niño le abrazó fuertemente.
--Anda con Dios, "peque", te portas como un HOMBRE.
Y luego, más confidencial:
--Tengo fe en ti; que llegué el parte, Haz que llegué, que si no, estamos perdidos.
Uno de los Alféreces le dijo:
- Oye, rapaz; Fíjate bien lo que haces, que un PELAYO NO PUEDE MENOS QUE NADIE EN EL MUNDO.
-- Harélo, mi alfrez. Júroselo.
Salio de la posición. En aquel momento, el fuego se reducía a un tiroteo aislado de "Paqueo". La noche estaba cerrando y el cuerpo de aquel pequeño enlace desapareció en seguida entre los matorrales de aquel camino, que tan bien conocía.....
SOLO DIOS SABE LO QUE PASO AQUELLA PAVOROSA NOCHE DE LOBOS, DE TORMENTA Y DE TIROS.
El niño PELAYO llegó a las avanzadillas de socorro. Pregunta por el Jefe. Casi no se puede cuadrar. Entregó el parte. Iba inmensamente pálido, con balazo en el costado.
Lo llevaron al Hospital. Las Seráficas Hermanas y las dulces Enfermeras lo acostaron en una cama, como acuesta a un hijito enfermo una Madre Amorosa.
Los Médicos y Sanitarios se miraban con asombro. Al filo de la madrugada murió. Su pálida carita tenía una sonrisa de Triunfo y de Dolor.
A BUEN SEGURO QUE ALLÁ EN EL CIELO, LA VIRGEN DE COVADONGA, LA "SANTINA" PEQUEÑA Y GALANA, REINA DE AQUELLAS MONTAÑAS, LE ESPERABA CON LOS BRAZOS ABIERTOS PARA AUPARLO JUNTO AL NIÑO DIVINO.
Aquí en la Tierra, los duros REQUETÉS INVENCIBLES de la Nueva Reconquista, rindieron sus armas poderosas y los estándares INVICTOS del LAUREADO Tercio de Nuestra Señora de Covadonga cuando, en su blanco ataúd, pasó aquel angelito que supo morir como un GIGANTE DE ESPAÑA.
Extraido de: El Requete.
Según nos cuenta Casariego:......... En Peña del Salto había centenar y medio de valientes Requetés que vigilaban desde sus hondas trincheras, tras una doble alambrada de espino. Los mandaba un Capitán cuarentón, curtido en las Guerras Marroquíes.
Con los Requetés estaba también un PELAYO, niño que hacía poco había cumplido los 13 años. Un hombrecito serio y sereno que servía de enlace, y todos los amaneceres, montando en un borriquillo gris, bajaba al pueblo, silbando el Oriamendi, a recoger los periódicos y paquetes para los voluntarios.
Muchas noches, el pequeño PELAYO, salía de su "garigolo" y, sentándose sobre los sacos terreros, se ponía tocar con una gran armónica melancólicos aires de la tierra o himnos patrióticos....
Un día empezaron a llover mortíferos proyectiles de la artillería debido a un ataqué del enemigo. La tierra temblaba bajo la metralla y el estruendo de la trilita y la pólvora. Durante cuatro horas los bravos Requetés soportaron un chaparrón de hierro de la artillería enemiga y llegó el momento de hacer frente el asalto de la infantería. ERA EL MOMENTO CULMINANTE PARA TODO GUERRERO. CUANDO EL CORAZÓN PARECE UN CORCEL DESBOCADO Y UN MANO INVISIBLE APRIETA LA GARGANTA CON SENSACIÓN DE ANGUSTIA.
--Serenidad, muchachos. No un solo tiro todavía ¡Mucho cuidado con precipitarse!. Ordenó el Capitán.
Entre tanto. el enemigo seguía subiendo. Primero lo hicieron tímidamente. Después, viendo que no pasaba nada, creyendo sin duda que los Requetés habían huido, empezaron a salir en masa y llenos de optimismo subían en actitud guerrera.
En el Grupo más avanzado del enemigo venía un Teniente del Ejercito Popular que esgrimiendo una pistola de reglamento gritaba:
-- ¡Arriba cobardes!
-- Al que se eche p'atras desnúcolo
Cuando el enemigo estaba a la altura de las alambradas el Capitán de los Requetés ordenó.
-- ¡Fuego!
-- Viva España
NO HAY PLUMA CAPAZ DE DESCRIBIR LO QUE PASO EN AQUELLOS MOMENTOS.
Y otra vez el intento de asalto, y otra vez la artillería enemiga, y así todo el día hasta el oscurecer, en que el enemigo seguía más obstinado que nunca en abatir aquel bastión de ESPAÑA.
La situación era dificilísima. Había muchas bajas y ni un mal refugio para evacuar a los heridos. Las trincheras estaban destrozadas; las alambradas, rotas y las máquinas, inutilizadas.
El Capitán herido en un brazo, requirió lleno de energía:
-- ¡A ver, un enlace!.
-- ¡A sus órdenes!
Tranquilo el PELAYO, el niño soldado, estaba cuadrado ante el Jefe de la Unidad
--¿Pero Tú? ¡Tu no me sirves!.
--¿Que no mi Capitán? Mejor que nadie. Como soy un chaval, me cubro más en el monte y no me ven pasar.
Y añadió suplicante:
--Ande déjeme llevar el parte. Ya verá como llega.
El Capitán le miró un momento de pies a cabeza. Sacó el lapicero y el cuadernillo, y escribió unas líneas. Dobló el papel y puso al dorso:
Capitán Jefe de Peña del Salto a Comandante X. Entregándoselo al niño le abrazó fuertemente.
--Anda con Dios, "peque", te portas como un HOMBRE.
Y luego, más confidencial:
--Tengo fe en ti; que llegué el parte, Haz que llegué, que si no, estamos perdidos.
Uno de los Alféreces le dijo:
- Oye, rapaz; Fíjate bien lo que haces, que un PELAYO NO PUEDE MENOS QUE NADIE EN EL MUNDO.
-- Harélo, mi alfrez. Júroselo.
Salio de la posición. En aquel momento, el fuego se reducía a un tiroteo aislado de "Paqueo". La noche estaba cerrando y el cuerpo de aquel pequeño enlace desapareció en seguida entre los matorrales de aquel camino, que tan bien conocía.....
SOLO DIOS SABE LO QUE PASO AQUELLA PAVOROSA NOCHE DE LOBOS, DE TORMENTA Y DE TIROS.
El niño PELAYO llegó a las avanzadillas de socorro. Pregunta por el Jefe. Casi no se puede cuadrar. Entregó el parte. Iba inmensamente pálido, con balazo en el costado.
Lo llevaron al Hospital. Las Seráficas Hermanas y las dulces Enfermeras lo acostaron en una cama, como acuesta a un hijito enfermo una Madre Amorosa.
Los Médicos y Sanitarios se miraban con asombro. Al filo de la madrugada murió. Su pálida carita tenía una sonrisa de Triunfo y de Dolor.
A BUEN SEGURO QUE ALLÁ EN EL CIELO, LA VIRGEN DE COVADONGA, LA "SANTINA" PEQUEÑA Y GALANA, REINA DE AQUELLAS MONTAÑAS, LE ESPERABA CON LOS BRAZOS ABIERTOS PARA AUPARLO JUNTO AL NIÑO DIVINO.
Aquí en la Tierra, los duros REQUETÉS INVENCIBLES de la Nueva Reconquista, rindieron sus armas poderosas y los estándares INVICTOS del LAUREADO Tercio de Nuestra Señora de Covadonga cuando, en su blanco ataúd, pasó aquel angelito que supo morir como un GIGANTE DE ESPAÑA.
Extraido de: El Requete.
martes, 22 de junio de 2010
Una biologia historica de España
En el complejo proceso de etnogénesis hispánica se ha elevado a la categoría de mito –en el sentido de hecho ficticio no demostrable empíricamente– su herencia y esencia árabe-bereber –el mito de una “España semítica”, arabizada y judaizada–, en un intento frustrado por subrayar la secular diferencia de España con el resto de los países de Europa, aun a costa de alinearla con los vecinos norteafricanos. Según esta curiosa teoría, al conglomerado hispano formado principalmente por iberos, celtas, romanos y germanos se superpondría otro, que aniquilaría todo vestigio humano anterior, constituido por una minoría árabe y bereber, mediante el exterminio sistemático y la posterior repoblación con elementos orientales y africanos.
Pero esta apreciación interesada y errónea no repara en que la musulmana fue, no una invasión, sino simplemente una conquista militar seguida de una ocupación favorecida por el colaboracionismo (los “muladíes” conversos al Islam), el sometimiento de las minorías religiosas (los “mozárabes”, los “judíos” y los “paganos”) y el hostigamiento de los “cristianos viejos” del norte peninsular. En concreto, respecto a una población hispano-visigoda estimada en varios millones de almas (5-6 millones), los conquistadores islámicos, según las estimaciones consensuadas de los historiadores, no pasarían de unas decenas de miles de individuos (50.000), considerando que la mayor parte de los guerreros que formaron parte de las iniciales huestes de Tariq y Muza, así como de las posteriores de almorávides y almohades, regresaron a sus lugares de origen.
No cabe duda de que, dada la extensión y el dinamismo del mundo musulmán de la época, se produjeron migraciones individuales a pequeña escala, así como establecimientos comerciales, al tiempo que se introducían numerosos esclavos, aunque curiosamente éstos no procedían de África o Asia, poblaciones despreciadas por el incipiente racismo de los propios árabes, sino que eran mayoritariamente eslavos, sajones y francos capturados por los nórdicos vikingos en sus famosas correrías. Desde luego, se produjo también cierta hibridación mediante uniones derivadas de las alianzas, captura de rehenes o sodomización de esclavos, pero éstos, lógicamente, se circunscribieron a los estamentos nobiliarios.
Aunque el propio Hitler llegara a decir que los españoles son una curiosa mezcla de “celtas, godos, francos y moros”, además de despreciar a la población autóctona anterior a las migraciones indoeuropeas, estaba concediendo una generosa cuarta parte a los llamados “moros”. Pero, ¿quiénes eran estos “sarracenos”? Pues mayoritariamente “bereberes” norteafricanos de origen camítico similar a los “iberos” peninsulares, así como a ligures, etruscos y pelasgos de otras latitudes, constituyendo los “árabes” la exigua minoría dirigente. De esta forma, no debe sorprender que este puñado de musulmanes resultase rápidamente fagocitado en el conjunto popular hispánico. Posteriormente, la repoblación que siguió a la reconquista, realizada por los cristianos del norte, asimilando a “mozárabes” y “moriscos”, pero también facilitando la llegada de colonos francos, itálicos y germánicos, junto a las posteriores expulsiones de “judíos” y “moriscos” (éstos no eran descendientes de los “moros”, sino de hispanos convertidos al Islam), conformaría definitivamente la composición étnica española.
Antes de la conquista musulmana, no obstante, se asentaron en la península ibérica numerosos pueblos, cualitativa y cuantitativamente mucho más trascendentales que los “árabes” y “bereberes”. En la prehistoria, las variedades centroeuropeas del “homo sapiens” (Cromagnon y Aurignac) poblaron todo el norte y el centro peninsular, mientras la variedad norteafricana o ibérica (tipo Grimaldi) se asentó en el sur y el este. Según Tácito, el primero de los etnógrafos europeos, los pobladores peninsulares eran hombres fuertes, morenos, de pelo negro ondulado o rizado, que vivían con otros hombres altos, de piel blanca y pelo castaño claro o dorado como el trigo, valientes y atrevidos. También llegaron los “griegos”, los “fenicios” y los “cartagineses”, pero su efímero paso se limitó a establecimientos mercantiles o militares.
De las primeras invasiones indoeuropeas, bastante más importantes de lo que se pensaba, pues dejaron su huella en la toponimia y en la hidronimia peninsulares, destacan el componente “precelta” o “celto-escita”, según Estrabón (primera oleada “Hallstat”) en el noroeste, así como la entrada de los “ilirios” en el noreste, a los que se superpuso la llegada de los “celtas” propiamente dichos (segunda oleada “La Tène”) en el norte y el centro de la península. No existen claros indicios sobre el origen de pueblos como los “bebrices”, los “brácaros”, los “bretones” o los “brigantios”, aunque su etimología parece indicar que eran indoeuropeos de origen céltico. Sobre los “tartesios” el misterio es todavía mayor, y aunque el grado de helenización de su cultura pudiera indicar otra cosa, tesis recientes apuntan a que podrían ser uno de los “pueblos de mar” (¿atlantes, nórdicos hiperbóreos?) que asolaron las civilizaciones mediterráneas. Ninguna duda suscitan, sin embargo, los “belgas” (titos, belones y lusones). Todos estos grupos humanos formarían la Celtiberia que se encontraron los conquistadores romanos, bajo cuya dominación, miles de colonos de procedencia itálica, céltica, germánica y geto-dácica se instalaron en Hispania tras ser licenciados como soldados.
Posteriormente, por la península comenzaron a desfilar bandas mixtas celto-germánicas como los “cimbrios”, “teutones” y “ambrones”, antes de que fueran dispersados por las tropas imperiales. Después, cuando el Imperio Romano se derrumbaba, llegaron los germanos: las primeras incursiones en el noreste peninsular las protagonizaron contingentes de los francos y los alamanes; posteriormente, ya en la etapa imperial final, los suevos (unos 50.000), los vándalos (unos 80.000) y los alanos –estos últimos eran sármatas indo-iranios–. Vándalos y alanos pasaron al norte de África, aunque algunos de ellos se establecieron en el sur de la península (¿Vandalusía, luego Al-Andalus y después Andalucía?). Finalmente, como federados y rechazados por los francos, se instalaron los visigodos, ¿germánicos o bálticos? (unos 200.000 en su conjunto) y los taifalos –también de estirpe indo-irania–, que asimilaron a los suevos por conquista, a los vándalos rezagados y a los restos de los ostrogodos expulsados de Italia.
Así, los estratos étnicos indoeuropeos –célticos, ilíricos, itálicos, indo-iránicos y germánicos– superpuestos en la península ibérica fueron similares a otros países europeos como Francia o Italia. Entonces, ¿Dónde radicaba la diferencia, si es que ésta existía realmente? ¿Resultó decisiva la aportación árabe-bereber? Ortega y Gasset intuyó que la diferencia se encontraba en la dispar escala de vitalidad de los invasores germánicos, en cuya cúspide situaba a los francos y en la base a los visigodos, degenerados por su romanización y cristianización arriana. A los alamanes, sajones, bávaros, suabos y turingios, dada la conocida germanofilia de Ortega, cabe suponer que los situaría próximos a la perfección. Cualitativamente, los “godos” fundaron el Regnum Hispania Gothorum, y sus descendientes –genética o idealizadamente– acabaron con la dominación de los “moros” de Al-Andalus, pero ni los unos ni los otros pudieron influir decisivamente en términos cuantitativos en la configuración étnica peninsular. La solución habría que buscarla, en primer lugar, en las características de la población ibérica anterior a las invasiones indoeuropeas y, en segundo lugar, en el estado de hibridación o mestizaje en el que celtas y germanos llegaron a Hispania después de centurias de errante nomadismo y migraciones.
JESÚS J. SEBASTIÁN
Fuente : El Manifiesto
Las cadenas de Navarra.
En el origen del símbolo está la batalla de Las Navas de Tolosa, en la que participaron tropas cristianas llegadas de distintos territorios, aunque el mando de las operaciones recayó fundamentalmente en los reyes castellanos, aragoneses y navarros.
El 6 de julio de 1212 tuvo lugar la Batalla de Las Navas de Tolosa, muy cerca de La Carolina (Jaén). El ejército cristiano, formado por las tropas de Sancho VII “el Fuerte” de Navarra, Alfonso VIII “el Noble” de Castilla y Pedro II “el Católico” de Aragón, resultó victorioso sobre el ejército del Imperio almohade mandado por el califa Muhammad Al-Nasir (para los cristianos Miramamolin).
En un momento decisivo de la batalla , el Rey Sancho cargo con su caballeria sobre los musulmanes que sentian la necesidad de atarse con cadenas unos a otros, de forma que no pudieran huir ni retirarse antes de tiempo y para no ceder ni romper el frente. El Rey Sancho y su mesnada atraveso ese frente rompiendo las cadenas cuyos fragmentos llevo a Navarra como trofeo y botin de guerra.
La leyenda cuenta que fue el mismo Rey sancho con su maza quien rompio las cadenas que permitieron la entrada de la caballeria que llego a exterminar a la guardia personal del general almohade
Fernando el Católico, al anexionar a la corona de Aragon el Reino de Navarra en el año 1512, incluye en uno de los cuarteles principales del Escudo de España el Escudo de Navarra.
El 6 de julio de 1212 tuvo lugar la Batalla de Las Navas de Tolosa, muy cerca de La Carolina (Jaén). El ejército cristiano, formado por las tropas de Sancho VII “el Fuerte” de Navarra, Alfonso VIII “el Noble” de Castilla y Pedro II “el Católico” de Aragón, resultó victorioso sobre el ejército del Imperio almohade mandado por el califa Muhammad Al-Nasir (para los cristianos Miramamolin).
En un momento decisivo de la batalla , el Rey Sancho cargo con su caballeria sobre los musulmanes que sentian la necesidad de atarse con cadenas unos a otros, de forma que no pudieran huir ni retirarse antes de tiempo y para no ceder ni romper el frente. El Rey Sancho y su mesnada atraveso ese frente rompiendo las cadenas cuyos fragmentos llevo a Navarra como trofeo y botin de guerra.
La leyenda cuenta que fue el mismo Rey sancho con su maza quien rompio las cadenas que permitieron la entrada de la caballeria que llego a exterminar a la guardia personal del general almohade
Fernando el Católico, al anexionar a la corona de Aragon el Reino de Navarra en el año 1512, incluye en uno de los cuarteles principales del Escudo de España el Escudo de Navarra.
lunes, 21 de junio de 2010
El fuerte Matanzas(Florida)
Para proteger el Castillo de San Marcos de futuros peligros y evitar el asedio por tierra se vio la necesidad de proteger la entrada a San Augustin a traves del Rio Matanzas, para ello se mando a construir un fuerte defendido por artilleria. A parte de por su ubicacion el fuerte se quedo con el nombre de Matanzas debido a las invasiones de colonos y soldados britanicos y franceses que tubieron que repeler los españoles desde dicho fuerte siempre invictos.
sábado, 19 de junio de 2010
La Legión, el Desastre de Annual y Desembarco de Alhucemas
El Ejército Español sufrió, cerca de la localidad marroquí de Annual, un grave ataque militar, conocida como Desastre de Annual. Durante la noche del 21 al 22 el general Silvestre discutió con sus oficiales la forma de salir del cerco, sin llegarse a ningún acuerdo y a primeras horas de la mañana, bajo fuego enemigo, se dio la orden de retirada y las tropas abandonaron el campamento. Algunos oficiales y unidades mantuvieron la calma y lograron ponerse a salvo con un relativo pequeño número de bajas; se produjeron hechos de auténtico heroísmo, como el del Regimiento Alcántara que cargó en numerosas ocasiones hasta la extenuación, sufriendo el mayor número de bajas de un cuerpo de caballería contemporáneo, Una de las causas de la victoria final española, fue el uso de armas químicas.
A grandes rasgos la operación sobre Alhucemas consistió en el desembarco de tropas españolas y marroquíes del Majzen, transportadas desde Ceuta y Melilla por la armada española y protegidas por una flota aérea combinada hispano-francesa. La operación tuvo como comandante en jefe al general Miguel Primo de Rivera, y como jefe de las fuerzas de desembarco en las playas de la bahía de Alhucemas al general José Sanjurjo, a cuyas órdenes estaban las columnas de los generales jefes de las brigadas de Ceuta y Melilla, Leopoldo Saro Marín y Emilio Fernández Pérez respectivamente. Entre los jefes participantes en la acción se encontraba el entonces coronel Franco quien por su actuación al frente de las tropas de la Legión fue ascendido a general de brigada.
A grandes rasgos la operación sobre Alhucemas consistió en el desembarco de tropas españolas y marroquíes del Majzen, transportadas desde Ceuta y Melilla por la armada española y protegidas por una flota aérea combinada hispano-francesa. La operación tuvo como comandante en jefe al general Miguel Primo de Rivera, y como jefe de las fuerzas de desembarco en las playas de la bahía de Alhucemas al general José Sanjurjo, a cuyas órdenes estaban las columnas de los generales jefes de las brigadas de Ceuta y Melilla, Leopoldo Saro Marín y Emilio Fernández Pérez respectivamente. Entre los jefes participantes en la acción se encontraba el entonces coronel Franco quien por su actuación al frente de las tropas de la Legión fue ascendido a general de brigada.
jueves, 17 de junio de 2010
El batallon fantasma(Por Erick Norling).
En esta conferencia que sirvió de presentación de su libro, Erik Norling nos habla del Batallón Fantasma, un estudio e investigación rigurosa de los españoles que formaron parte de las SS durante... la Segunda Guerra Mundial y el destacado papel que jugaron en el conflicto bélico. Es la otra cara de la memoria, es tambien memoria historica.
lunes, 14 de junio de 2010
Astures
Los pueblos del norte hispano, que poblaron las zonas de lo que hoy seria Asturias y parte de León. Dividios en clanes y tribus, ofrecieron una de las mas atroces resistencias al ejercito de roma, en su afán de la conquista de la tierra de Iberia. Guerreros en su mayoría, de ascendencia aria, que bien siendo celtas o bien pre celtas. Ofrecieron una de las resistencias mas heroicas a su dominación. Puesto que cuando ya toda la península, había o era dominada. Un grupo de “bárbaros” se resistían al que seria padre de todos los imperios. La nación de Roma. Ocultos en sus montañas y bosques, rendían culto a deidades paganas. Relacionadas con las fuentes de la naturaleza. Dioses crueles, y sangrientos según las fuentes latinas. Dioses fuertes y orgullosos, según el criterio “bárbaro”. Cantando marchaban a la guerra, invocando el nombre de Cosuo. Cantando en sus fiestas, invocaban a Taranus, para que les diera la fuerza del trueno. Tocando infernales melodías con sus cuernos de batalla, invocaban a los espíritus ancestrales, numenes totémicos, que bajo la forma de animales, como el lobo o el oso. Poseían sus cuerpos, preparándoles con una furia inhumana para la batalla. Extraido de FCP
domingo, 13 de junio de 2010
La conquista de Filipinas
(...)La expedición zarpó de la Navidad el 21 de noviembre de 1564 bajo el mando de Miguel Lopez de Legazpi. A los pocos días se perdió de vista el San Lucas que, al parecer, arribó sola a Mindanao. La armada siguió la ruta de Ruy López de Villalobos y llegó el 22 de enero de 1565 a las islas de los Ladrones. El 3 de febrero salió de la isla Guam y el 13 del mismo mes arribó a la isla Samar, donde se tomó posesión. Samar era una de las islas Visayas, como las de Leyte, Cebú, Bohol y Mindonoro y se encontraba en la parte central del archipiélago filipino, entre las dos grandes islas de Luzón y Mindanao. De Samar pasó a Leyte en busca de alimentos. Allí se hizo el primer pacto de amistad con los naturales del país. Legazpi recorrió luego varias islas, especialmente Bohol, donde apareció oro. Finalmente fue a parar a Cebú (27 de abril de 1565). Allí desembarcó sus efectivos, levantó el fuerte de San Pedro y dispuso la partida de Urdaneta para intentar el tornaviaje a América, aspecto fundamental sin el cual sería imposible colonizar el territorio. La nao San Pedro zarpó de Cebú en junio de 1565 con 200 hombres dispuesta a la aventura. Bajo las órdenes de Urdaneta navegó hacia el noroeste y subió hasta los 39°, encontrando la corriente del Kuro Shivo que arrastró la nave hasta la costa americana, avistada el 18 de septiembre. El 9 de octubre atracaba en el puerto de Acapulco después de haber encontrado la ruta de regreso desde Oceanía.
Legazpi emprendió la conquista de Filipinas, una de las más difíciles que realizaron los españoles, ya que suponía dominar un espacio de unos 300.000 kilómetros cuadrados, divididos en unas 7.000 islas e islotes, y en las cuales había unos 600.000 habitantes pertenecientes a etnias muy diferentes, como las de los primitivos negritos, los malayos, y los últimos emigrantes tagalos. Los españoles se encontraron, además, con creyentes del islamismo, con lo que cerraron su ciclo de lucha contra los musulmanes emprendido en la Península. Legazpi inició su conquista por el norte. Desde Cebú pasó a la isla de Panay y en 1570 a Mindoro. Llegaron entonces tres navíos con refuerzos, enviados por el virrey Martín Enríquez de Almansa. Con ellos venía el título de Adelantado de las islas para Legazpi y la autorización para fundar ciudades y repartir tierras y encomiendas, que había solicitado con Urdaneta. Fundó entonces, oficialmente, la ciudad del Santísimo Nombre de Jesús sobre el villorrio de San Miguel, establecido anteriormente en Cebú. El 15 de junio de 1571, el Adelantado partió de Panay hacia Luzón con intención de conquistarla. Al llegar a Cavite, recibió el homenaje de varios jefes musulmanes, entre ellos el de Manila. El 24 de julio de ese mismo año, fundó la ciudad de Manila, capital de su Gobierno. Mientras surgía Manila se completó la dominación de Luzón, isla en la cual se encontraron minas de oro en Paracale y Mamburao. Los españoles trasplantaron a Filipinas su sistema indiano. Legazpi otorgó 98 encomiendas e impuso a los nativos un tributo de 8 reales por año, pagadero en dinero o en especie. En 1572 falleció Legazpi y el mando fue a manos de Guido de Lavezares, gobernador de Cebú, señalado en el pliego de mortaja. Durante su mandato se completó la conquista y se asentó el régimen colonial.(...)
Legazpi emprendió la conquista de Filipinas, una de las más difíciles que realizaron los españoles, ya que suponía dominar un espacio de unos 300.000 kilómetros cuadrados, divididos en unas 7.000 islas e islotes, y en las cuales había unos 600.000 habitantes pertenecientes a etnias muy diferentes, como las de los primitivos negritos, los malayos, y los últimos emigrantes tagalos. Los españoles se encontraron, además, con creyentes del islamismo, con lo que cerraron su ciclo de lucha contra los musulmanes emprendido en la Península. Legazpi inició su conquista por el norte. Desde Cebú pasó a la isla de Panay y en 1570 a Mindoro. Llegaron entonces tres navíos con refuerzos, enviados por el virrey Martín Enríquez de Almansa. Con ellos venía el título de Adelantado de las islas para Legazpi y la autorización para fundar ciudades y repartir tierras y encomiendas, que había solicitado con Urdaneta. Fundó entonces, oficialmente, la ciudad del Santísimo Nombre de Jesús sobre el villorrio de San Miguel, establecido anteriormente en Cebú. El 15 de junio de 1571, el Adelantado partió de Panay hacia Luzón con intención de conquistarla. Al llegar a Cavite, recibió el homenaje de varios jefes musulmanes, entre ellos el de Manila. El 24 de julio de ese mismo año, fundó la ciudad de Manila, capital de su Gobierno. Mientras surgía Manila se completó la dominación de Luzón, isla en la cual se encontraron minas de oro en Paracale y Mamburao. Los españoles trasplantaron a Filipinas su sistema indiano. Legazpi otorgó 98 encomiendas e impuso a los nativos un tributo de 8 reales por año, pagadero en dinero o en especie. En 1572 falleció Legazpi y el mando fue a manos de Guido de Lavezares, gobernador de Cebú, señalado en el pliego de mortaja. Durante su mandato se completó la conquista y se asentó el régimen colonial.(...)
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